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la depresión infantil, una construcción verbal de la identidad.

  • 29 may 2019
  • 2 min de lectura

Los seres humanos van construyendo su discurso identitario a través de la interacción social, el microsistema (sistema familiar) como primer agente socializador es el que cimienta esta construcción con los calificativos positivos y negativos que son atribuidos al individuo por los diferentes miembros del sistema y con las conductas aprobatorias o desaprobatorias dadas en la relación familiar, es así como, tomando de referencia la experiencia mitológica de Pigmalión en la antigua Grecia quien se enamoro de Galatea una escultura hecha por él mismo a imagen de la mujer de sus sueños, fue tal la fuerza con la que creía Pigmalión que mientras dormía Afrodita al ver el amor por la estatua la convirtió en una mujer real. Partiendo de esta visión el psicólogo Robert Rosenthal planteo la teoría de la profecía autorrealizada o (efecto pigmalión) para demostrar como las expectativas y creencias positivas o negativas de terceros causan efectos en nuestra realidad.

Por esta razón, cuando los calificativos o señalamientos positivos o negativos dados a un niño se vuelven reiterativos tienden a modificar la conducta y el pensamiento del mismo llevando a que adopte como real ese comportamiento y lo haga parte de su autorelato identitario, sin embargo, estos constructos de la primera infancia aun son banos, apenas comienzan a elaborarse en el auto-concepto del sujeto, son como una hipótesis de ¿quien soy yo?, así, a medida que avanza la interacción social al establecer relación con el mesosistema (escuela, amigos, familia, barrio) se fortalecen o debilitan esos constructos, siendo eliminados o por el contrario quedando arraigados como parte de su identidad y predisponiendo al sujeto a recibir nuevos calificativos que refuercen esa creencia de sí, esta creación de identidad lleva al individuo a adoptar comportamientos frente a la interacción como sujeto social basados en una nueva afirmación, ¡así soy yo!.

Es entonces cuando aparecen las dificultades relacionales, la percepción de no aceptación en grupos sociales, el desagrado por su cuerpo o su apariencia física y los sentimientos de minusvalía que provocan sintomatología depresiva en los niños y adolescentes.

Esto, reafirma la visión sistémica que los síntomas manifiestos en el Paciente Identificado (PI) o portador del síntoma no son mas que una manifestación sintomática de una disfuncionalidad de la pauta interaccional familiar y no una enfermedad del individuo.


 
 
 

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